Los peces cuando son más inteligentes escogen las mejores parejas

Todo entra por los ojos, dicen por ahí. Esto lo saben las hembras de los guppies, pero sobre todo las más inteligentes, que tienen la habilidad de escoger mejor los machos con los que se aparearán para dejar una descendencia mucho más apta y capaz de sobrevivir.

Esta es la principal conclusión del estudio ‘Respuesta neurogenómica temprana asociada con la variación en las preferencias de apareamiento en las guppies hembras’, publicado recientemente en la prestigiosa revista ‘Nature Ecology and Evolution’. El estudio fue elaborado por un grupo internacional de investigadores y liderado por la bióloga colombiana Natasha Bloch.

El objetivo de la investigación era simple: establecer si, como lo indica una de las teorías actuales de la biología evolutiva, la escogencia sexual entre las distintas especies del mundo animal está relacionada directamente con las capacidades cognitivas de los individuos, y cuáles son los cambios en la expresión genética, es decir, en la activación de ciertos genes que ocurre en el cerebro durante estos procesos de selección. En pocas palabras, los investigadores querían establecer si las hembras más inteligentes escogen los mejores machos.

Para averiguarlo, Bloch y sus colaboradores analizaron poblaciones de guppies. Estos pequeños peces de acuario se caracterizan por las marcadas diferencias entre los ejemplares de cada sexo, fenómeno conocido como dimorfismo sexual: mientras que las hembras generalmente son poco llamativas y no tienen colores, los machos son todo lo contrario: muestran vistosas tonalidades, destinadas a llamar la atención de las hembras con las cuales buscan reproducirse.

La curiosa sexualidad de los ‘guppies’

Bloch, bióloga de la Universidad de los Andes con una maestría de la Universidad de París VI y un doctorado de la Universidad de Chicago, asegura que los guppies son un objeto de estudio muy interesante en biología evolutiva.

Empezaron a ser observados en profundidad por el biólogo canadiense John Endler, en varios ríos de Trinidad. Con distintos experimentos –famosos entre la comunidad de biólogos–, Endler demostró que había dos tipos de poblaciones con comportamientos sexuales muy bien diferenciados, en partes de los ríos con predadores y sin estos.

“Se dio cuenta –dice Bloch– de que los peces de río abajo tenían una expectativa de vida mucho menor, debido a la alta presencia de depredadores naturales. También notó que los machos en esta zona eran poco coloridos y las hembras no tenían preferencias fuertes a la hora escogerlos. Era como si, en medio de los trajines de la supervivencia, la reproducción ocupara un segundo plano en sus vidas; en cambio, río arriba, donde no había tantas amenazas, las poblaciones de estos animales eran más longevas y los machos, más coloridos, por lo que las las hembras tenían fuertes preferencias por los machos con estas características y se tomaban su tiempo en escoger”.

Bloch explica que este escenario hizo de los guppies un caso clásico de estudio sobre selección natural y sexual, y es una de las razones por las cuales los escogió para su trabajo, que consistió en evaluar en el laboratorio las respuestas, a nivel genético, de los guppies hembras cuando eran expuestos visualmente a los machos.

“Pusimos 135 hembras en un acuario y, al otro lado de un vidrio, un macho atractivo o uno no atractivo. Luego dejábamos que ellas los evaluaran durante diez minutos y, posteriormente, diseccionamos los cerebros de las hembras para analizar todos los genes que se habían activado en dos áreas cerebrales ante aquel estímulo: el tectum óptico, encargado de procesar las señales visuales que vienen del ojo, y el telencéfalo, responsable de la toma de decisiones”, dice Bloch.

Bloch descubrió que en las hembras de cerebro grande, que tienen preferencias claras por los machos coloridos, había un conjunto de genes que se activan en ambas zonas del cerebro únicamente cuando están evaluando un macho atractivo. Sin embargo, la experta también notó que, en las hembras de cerebro pequeño –y, por ende, menos inteligentes– en el telencéfalo, este grupo de genes no mostraban ninguna actividad. Era como si fueran capaces de percibir cuáles eran los machos más llamativos pero esto no les importara en su decisión de apareamiento”.

De acuerdo con la experta, su investigación ofrece ideas acerca de cómo procesa el cerebro los estímulos que producen comportamientos sociales y de apareamiento, y demuestra que en la escogencia de pareja intervienen diferentes y complejos procesos biológicos que tienen lugar en el cerebro.

El hallazgo, además, confirma lo que otras publicaciones ya habían concluido acerca de la actividad genética en los cerebros de las hembras cuando se exponen a machos con cualidades que los hacen más o menos atractivos. Uno de estos estudios fue llevado a cabo por investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad Johns Hopkins, quienes estudiaron a las aves conocidas como diamante mandarín.

Ellos demostraron que la preferencia de las hembras por ciertos cantos de los machos está determinada, más que todo, por el gen egr1, también llamado ‘zenk’.


“Los guppies son peces que viven poco tiempo, en ambientes en los que deben enfrentar distintas amenazas, como los depredadores y las enfermedades; por eso, deben ser capaces de tomar la mejor decisión de apareamiento para garantizar la supervivencia de la especie, algo que ocurre en la mayoría de animales”, dice.

“Los guppies son peces que viven poco tiempo, en ambientes en los cuales deben enfrentar distintas amenazas, como los depredadores y las enfermedades; por eso deben ser capaces de tomar la mejor decisión de apareamiento para garantizar la supervivencia de la especie, algo que sucede en la mayoría de animales”, sostiene.

Lo anterior resulta revelador en la medida en que es un comportamiento que puede empezar a ser estudiado en diferentes especies. 
Incluso, señala, se pueden hacer análisis con aplicación en los humanos, en quienes, afirma, no se sabe nada porque “por ejemplo, no podemos diseccionar los cerebros de las mujeres que van a las discotecas, para estudiar los cambios inmediatos que ocurren cuando ven a los hombres”.

El conflicto sexual

Bloch explica que, en la mayoría de las especies del reino animal, son las hembras las que, a la hora del apareamiento, escogen la pareja que consideran más apta. Esto se debe a la ‘diferencia de costos’ que representa para cada individuo el ritual de la reproducción: como los machos pueden producir mucho esperma muy rápido, su mejor estrategia es aparearse con el mayor número de hembras posible. 

En cambio, ellas solo pueden producir pocos y costosos óvulos en el mismo tiempo, lo cual significa un gran gasto de energía. De ahí que deben asegurarse de escoger el mejor macho y ser más selectivas.